La Virgen de los Dolores es una imagen barroca de candelero para vestir, de 1,67 metros de alto. Afortunadamente sus manos, poco manipuladas, facilitan dicha catalogación. Sus formas son elegantes y refinadas del gusto sevillano. La mascarilla de notable belleza, cobra vida gracias a su reflexiva y triste expresión.

 

    Las facciones de la cara constituyen un perfecto óvalo, los ojos son almendrados y llorosos, las cejas estilizadas, la nariz recta y el mentón pronunciado con un hoyuelo, todos estos elementos tratados con una gran delicadeza emocional.


   
Nuestra Señora de los Dolores es atribuida por muchos autores a Juan de Astorga, la figura más preeminente de la estatuaria sevillana de la primera mitad del siglo diecinueve. Ruiz Alcañiz la incluye en el apartado de las obras firmadas por este autor aunque sin cronología exacta.

 


   
La imagen como tal ha sufrido dos restauraciones en la historia reciente de la Hermandad. Una realizada por Francisco Buiza Fernández, que la intervino en el año 1967, imprimiéndole una expresión, según dicen los especialistas, muy dura; y otra, por Antonio Dubé de Luque, en 1987, realizándole cuerpo, brazos y candelero nuevos, además de dulcificarle la expresión de la mascarilla y modelarle el cuello cilíndrico, caracterización propia de las imágenes de Dubé. El dolor letífico de la talla, se lo acentúa ampliando el entrecejo y suavizando el rubor de la mejilla.